lunes, 27 de agosto de 2007

Everybody hurts… pero no todos caen tan mal.

Después de una vacaciones con sus bajos y altos, aprecio cada más la libertad y serenidad de una casa llena de imperfecciones entre las que cuentan un baño muy atrasado en cuanto tecnología (todavía tenemos que echarle agua con una tina, aahh pero eso sí, mucho Internet). Y no me estoy quejando, que vivir en la zona donde vivo trae muchas ventajas a la vida del buen ebrio (todo es cuestión de ubicación, ubicación y ubicación), pero es que después de haber contado con la presencia de mis familiares en estos días libres, pues como que veo todo con un color más brillante, más poderoso o como dicen mis parientes, más machín.

Obviamente no revelaré los nombres de mis familiares y espero con toda la fuerza de mi corazón que no lleguen a leer esto, pero si de pura casualidad lo hacen… NO MAMEN. Por tercera ocasión seriamos los anfitriones de la familia constituida de cuatro personas, Papá Oso, Mamá Osa, Oso Jr. y Bebé Oso… pero OSO, de esos que las viejas fresotas gritan cuando se caen o se dan cuenta de que se les ven los calzones, pero al triplicado, con todo y el ridículo acento y risitas irritantes. Mi padre, como buen padre, advirtió claramente que debíamos ser educados, que debíamos soportar las peripecias que conllevaba una visita, que tuviéramos paciencia ante la diferencia de cultura, pero sobretodo, que no volviéramos a andar de mamones con ellos como en las anteriores dos ocasiones (Dios… dame fuerza).

Así que además de prepararnos psicológicamente, también preparamos la casa para recibirlos, yo estaba en mi momento de meditación pre-holocausto mata miedos y chinches (ósea, viendo videos en YouTube), cuando un golpe en la puerta estremeció la casa. Eran ellos, con un día de anticipación, eran ELLOS. El moco se me escurrió como señal de “aquí te cargo el payaso” y es que hacia como una semana que estaba enfermo de gripa y en plena recuperación. Me traté de tranquilizar, ayude a meter sus maletas y me dije “no te preocupes, vienen cansados, aprovecha para seguir en tu meditación y pasar el mal trago”, pero regreso a mi hermosa computadora VAIO y súper gratuita por parte de un tío (sí, me compró, después les cuento esa, que es para envidiar), y que veo que sus teclas son vilmente toqueteadas por los dedos de Bebé Oso, un huerco que no es ningún Bebé sino un cabrón puberto caga absolutamente todo lo que se me ocurre (Dios… dame fuerza).

El primer día, como de costumbre fue el más difícil, como ya era esperado Mamá Osa haría de desayunar y todos nos pondríamos a comer felizmente… excepto por un detalle, un macabro detalle de lo mas morboso, una maldición que se venia presentando desde las dos ultimas veces que venían a mi hogar y como es lógico, no se ausentaría por tercera ocasión… la familia Oso… come… ¡CON LA BOCA ABIERTA! Y no, no ando de delicado (bueno, talvez un poco), pero es que ellos no solo comen con la boca abierta, sino que están diseñados especialmente para hacer la mayor cantidad de sonido posible durante el proceso de masticado, de tragado y de digestión (léase flatulencias). Mi padre, ya nos había advertido que no quería volver a ver a mis parientes comer solos, es decir, que los acompañáramos a la mesa, así que en cuanto me desperté y escuche la voz de Mamá Osa anunciando el desayuno, me arme de valor (Dios…dame fuerza), me dirigí a la cocina (Dios… dame fuerza) al mismo tiempo que repetía mi mantra, “seré educado, seré amable, seré educado…” (Dios… dame fuerza) y en cuanto pude divisar los pedazos de comida entre los dientes de aquellas personas (Dios… ¿Dios? ¡No huyas culero!), me di media vuelta y esperé en mi cama, abrazando una almohada y conteniendo el hambre mientras el olor de tortillas de harina recién hechas se disipaba por el aire.

Lo más difícil de todo fue contener absolutamente todo mi instinto mamón, en especial cuando estuve enfermo de gripe, pero un día mi padre me llego con la minuta de que los chicos se había quejado de que no los habíamos sacado a ningún lugar. Para mi fue un golpe bajo, no sabia a donde llevar a los pequeños retoños, mi padre sugirió un museo, a lo que yo contesté: “¿crees que les gustan los museos?”, él con un tono medio indignado me dijo: “no sabes, los estas prejuzgando”, a lo que yo (en un momento de flaqueza y de mucho estrés) le respondí: “No es como si fuera muy difícil hacerlo”, mi papá pasó de colorado a púrpura y de vuelta a colorado en menos de dos segundos, se indigno y yo tuve que llevar a mis primos de salida para que pudiera contentarlo de nuevo. La verdad que no fue para menos el coraje de mi padre, pero es que si hubieran visto a los “pequeños” oseznos, ustedes hubieran comprendido mi desplante, para hacerlo más sencillo, les diré que son muy admiradores del estilo de vida del “cantante” de Hip-Hop (ropa floja, tennis cómodos, caminar de pingüino mafioso), aman esas gorras con símbolos de equipos deportivos de EE. UU. (el problema es que ni siquiera le quitan la estampa de originalidad y la traen con el holograma), manejan un auto deportivo (pero en su radio solo hay Hip-Hop, y ni siquiera del buen Hip-Hop, lo más decente era Eminem y el disco estaba rayado). Asi que me preparé de nuevo para una choco-aventura en la ciudad (Buda… dame fuerza porque Dios ya me abandonó).

Los lleve a un museo, donde obviamente se aburrieron, pero pude notar que de vez en cuando el Bebé Oso le daba un codazo a Oso Jr., para señalarle una niña o jovencita que juzgara atractiva. Para mi beneplácito disfrute el hecho de que, al parecer, los oseznos eran de esos típicos jóvenes que admiraban la belleza pero sin caer en la vulgar y llamativa acción del piropo de mal gusto (porque hay piropo de buen gusto, ehhh). Para mi desgracia todo fue una ilusión, en cuanto salimos del lugar, los aburridos parientes comenzaron a hacer el clásico silbido guarro a cada vieja se encontraran, a tomar fotos sin su permiso, con su permiso y en una academia de baile hawaiano donde les estamparon la ventana en la nariz (momento en el que Buda se paró ofendido de mi lado y se fue muy lejos). Después del tour, regresamos a la casa, donde Oso Jr. me pregunta: “¿No te da vergüenza andar conmigo en la calle?”, a lo que yo respondo con un serio y amable “No” (aunque en mi mente tomaba la espada de GraySkull y al estilo He-Man pedía todo su poder).

Muchos detalles adornan la historia, como el basurero en el que convirtieron mi cuarto, el hecho de que Oso Jr. es un tipo de alrededor de 25-27 años que fue drogadicto, pandillero y etcéteras, que cada vez que regresaba de Narcóticos Anónimos comenzaba con una platica tipo motivadora que tanto me caga, que la piel de las palmas de mis manos comenzó a pelarse debido al estrés (no, no lo estoy inventando) y es que Mama Osa y Papa Oso son adorables (con todo y las flatulencias), pero odio a sus hijos.
- el abuelo
NOTA: Ya sé que me voy a ir al infierno.

6 comentarios:

pani dijo...

Vaya, y yo me quejaba de que a mis primos parecía haberlos parido el Demonio de Tazmania.
No sé qué es peor si los cuatro ositos o que te toque Ricitos de Oro, prima pre-púber que se molesta cada vez que alguien respira cerca de ella.

Gwen dijo...

HIjole cuanto lo siento, que lastima, de donde es tu familia?

Es de mal gusto comer con la boca abierta, lo malo es que te tienes que aguantar porque da pena ajena decirle a alguien que esta haciendo mal.

Ni modo a todos nos ha tocado soportar parientes incomodos.

MUSSA-HUMBERTA dijo...

Que chido cover de "Feel good", ayy boneeeto.

Y Bueno, emm tus primos todo lo contrario ja,ja. De lo que no te das cuenta es que al igual ellos no han de comprender tus costumbres, llámese educación o lo que sea, (quizá demasiado cándida sea yo al creerlo)y para ellos es incómodo. Pero bueno, eres tan tolerante como yo, espera, no, me ganas.
Divetidín.



Beso.

A∫Pi®iLøKa ßi†cH dijo...

jajaja tooodo eso me consta, los 4 osos, tus manos despellejadas y el basurero de tu cuarto, menos los pedos y me alegro.

Eso te mereces y mas por...mm..mmm no ser tan bello, inteligente y audaz como yo, que dije (gueno mi mama) amis parientes ke dormirias en mi casa 2 semanas pa ke no vinieran

jija del maiz dijo...

Chale con la family. A mí me cayó una cuñada apocalíptica y no sabes, hasta escobas con la barba para arriba y detrás de la puerta andaba poniendo.
Muy chido blog!
Yo comienzo el mío, ahí date la vueltecilla!

d.vAN dijo...

Una de las mejores historias que e leido en los blogs en las ultimas semanas, eso de tener parinetes que te cagan es muy comun

saludos
d.vAN